UN HOGAR PARA LA FAMILIA EN CRISTO

¡Yo creo que Dios calma las tormentas¡


Marcos 4:39-41 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?
Todavía recuerdo con claridad ese día. Habíamos ido a un campamento de estudiantes de teología en Albion, CA. Era uno de esos días en el que el sol había decidido calentarnos con sus rayitos y la mañana estaba hermosa para salir a explorar la naturaleza. ¡Qué bello lugar! Cerca del campamento había un lugar en el que nos podíamos anotar en una lista y nos llevaban a dar un paseo en barco. La emoción era muy grande. Rápidamente mi esposo y unos amigos fueron y se anotaron pero regresaron con caras de desanimo pues les habían dicho que era probable que el barco solo diera dos vueltas mas ese día y no sabíamos si íbamos a llegar a disfrutar de un paseo como ese, tan aventurado. Cada vez que el barquito daba la vuelta y llegaba al punto de partida las personas que venían del paseo se veían muy contentas. Finalmente llego nuestro turno y estábamos súper felices. El barco tenía dos pisos y mi esposo, un amigo y yo decidimos ir arriba y el resto de nuestros amigos estaban abajo. Todo estaba perfecto el mar bien calmado y el ambiente estaba de fiesta… que lindo todo, hasta que de repente entramos a mar abierto y en un abrir y cerrar de ojos comenzó a hacer un oleaje que nos daba miedo. Las olas eran más altas que el largo del barco en el que íbamos y lo que era belleza en ese momento se convirtió en una pesadilla. Todos estábamos muy nerviosos, hasta que una gran ola nos impacto de tal modo que saltamos de nuestros asientos, lastimándome mi rodilla derecha con la punta de una mesa en la cual había una brújula negra la cual salió volando en frente de nosotros. Nuestros amigos que estaban en la parte de abajo pensaron hasta que uno de nosotros se había caído del barco de lo fuerte que había sido la ola. Le pedíamos al Señor que dirigía el barco que por favor se regresara porque temíamos por nuestras vidas pero el nos dijo que teníamos que seguir hacia delante porque si regresábamos el barco se podía voltear con el oleaje. Finalmente después de un gran susto regresamos a tierra firme. Yo termine ese día en el hospital donde me atendieron mis rodillas, pase muchos días sin poder caminar.
Nuestra vida es un viaje. Muchas veces el viaje es feliz y placentero, en otras ocasiones nos encontramos en medio de tormentas inesperadas y pensamos que vamos a naufragar. El capitán de nuestras vidas que es Cristo Jesús nos dice que tenemos que seguir hacia delante. Es posible que nos golpeemos a lo largo del camino, pero Jesús no nos abandona y si le damos el timón de nuestras vidas El nos llevara a un puerto seguro. Yo se que Dios calma la tormenta.
Jonás 2:5, 7,9: 5 Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. 7 Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. 9 Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.

Autor: Dileanny Jiménez
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